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Los Secretos

Los Secretos
Tres eran tres los hermanos Urquijo. A saber -y por orden-, Javier, Enrique y Álvaro. A pesar de que el apellido pudiera unirles a una de las familias más ricas de España. lo cierto es que el suyo era un hogar de clase media del madrileño barrio de Arguelles en el que un día cayó por ahí una guitarra. La trajo el padre de los tres. Un hombre que por profesión viajaba mucho y al que le gustaba la música clásica, el jazz de Duke Ellington, el ragtime y disfrutaba de un aceptable equipo de música. Una guitarra para tres inquietos chavales mocosos que estaban acostumbrados a oír buena música en casa.

Tan seguiditos y tan peleones, se disputaban el instrumento con el que se ponían a sacar las canciones que les gustaban. Las de Dylan, las de Jackson Browne, Crosby, Still, Nash and Young, Los Byrds... eran los setenta. Harto de riñas, un día papá Urquijo la guardó con llave en un armario. Los niños tenían que estudiar y dejarse de tanta música, así que de paso soltó una de las piezas claves del tocadiscos para que tampoco consumieran las tardes colgados con sus escasos Lps que escuchaban una y otra vez. Pero el padre viajaba mucho, y el pequeño de los tres era un investigadorcillo de esos que desmenuzan todos los cachivaches habidos y por haber. Álvaro consiguió poner en marcha el equipo. La música podía con los tres hermanos Urquijo. Era más que una necesidad, más que un mero juego entre chavales.

La movida otra vez... realmente es que es inevitable referirse a ella si se habla de Los Secretos. Sociológicamente ya está muy explicada, el fin de la dictadura, el punk inglés, Tierno Galván, la libertad, el relevo generacional..., así que abundar en lo de los agitados comienzos de los ochenta y de Madrid como ciudad de moda es una pesadez, sobre todo para los propios Enrique y Álvaro, únicos dos supervivientes de la primera formación oficial, Tos, formada por Javier Urquijo, Enrique Urquijo, José Enrique Cano y Álvaro Urquijo y que nació en 1978. Así que, bueno, va ligado a la historia del pop que los grupos lo pasen mal al principio.

Eso hace cambiar, madurar y de alguna manera es una selección natural para sobrevivir y comprobar de verdad quién puede seguir en un negocio así. A pesar de que tenían una injusta fama de niños bien y no tardaron en grabar su primer disco pudiendo elegir entre varias compañías, Los Secretos no vivieron unos comienzos como para echar cohetes. Bares pequeños donde apenas sacaban para pagarse unas cervezas, y ambientes demasiado post-punk para el sonido de una banda que pronto adquirió el sello de "facilón" (cosa rara si tenemos en cuenta que las primeras grabaciones de todas las grandes bandas de rock de toda la historia van unidas a los cuatro acordes de rigor).

Con la primera maqueta bajo el brazo, TOS comienza su ascensión a la popularidad, pero la noche de nochevieja del 79, Canito tiene un accidente de coche que acaba con su vida. Para sustituirle a él, cuentan con un antiguo amigo de Enrique, afincado en Guadalajara, Pedro Antonio Díaz, y organizan el ya celebre homenaje a Canito, concierto que se grabó para TV, y que fue emitido en su día en el ya mítico Popgrama.

Los Secretos, ya con ese nombre, estaban esa noche integrados por los tres hermanos Urquijo, Javier, Enrique y Álvaro y con Pedro J. Díaz a la batería, que había sustituido a Canito. Era la primera formación conocida del grupo y la que grabó los primeros discos. El concierto homenaje se considera el primer acto oficial de la nueva ola madrileña. Esa noche de febrero de 1980, en la Escuela de Caminos, sirvió para que los medios de comunicación se hicieran eco del acto. De ahí que el concierto homenaje a Canito se considere un poco como el "Acta Fundacional de la Movida Madrileña".

Polydor, al tanto de la nueva hornada de músicos madrileños que comienza a acaparar los puestos de las listas, los contrata en julio de 1980, y publican el primer EP, "Los Secretos EP" (1981), del que se hacen 5.000 copias (el disco se agota en apenas una semana).

"Déjame" se convierte en un clásico, y la canción comienza a identificar el sonido propio de la banda. Cuando editaron el primer LP, "Los Secretos"(1981), las ventas superan incluso las de la maqueta; ventas que aún hoy producen beneficios, ya que se venden cada año más de 1.000 copias del disco, publicado a finales de 1980. Este disco lo completa una logradísima colección de temas contagiosos de pop-rock, arropados por una cuidada estética en blanco y negro, que ayudaría en el futuro a encuadrarlos en una etiqueta poco agraciada de "tristes".

El segundo disco, "Todo sigue igual"(1982), hace honor al título y sigue el camino del anterior, con temas frescos y fáciles de digerir. Pero fue el tercer disco, "Algo más" (1983), publicado un año más tarde, el que supone un inesperado cambio estilístico, al incluir un tema instrumental e incluso un tema de una banda amiga, Foie Gras, que hacen una versión claramente country del ya clásico "No me imagino", en cuyas filas militaba el gran guitarrista Ramón Arroyo.

Polydor temerosa de que el disco no llegue al público, arriesga menos en la promoción y además surgen problemas internos, que agravados con el fatal accidente de Pedro, en febrero de 1984 (también en accidente de coche), desenlazan con la desaparición temporal de la banda. Por esta época, Los Secretos eran una banda famosa y con dinero, mezcla peligrosa en jóvenes de 18 años, que entran en la voragine del consumo de drogas y del desarraigo con el entorno. Resultado, el tercer disco apenas aportó canciones para la historia y Los Secretos cayeron en la desidia que contagió a los grupos de guitarras el advenimiento del techno y los nuevos románticos.

Así que los tres primeros años de Los Secretos como tal, fueron tan trepidantes como fascinantes, pero dejaron un regusto amargo. Los cuatro vieron que se podían dedicar a la música, algo que nunca habían soñado. Aunque las ventas no satisfacían las expectativas de la compañía, por lo menos sirvieron para sobrevivir a las primeras cribas de los grupos de la movida. Muchos de los que habían empezado a la vez que ellos, no consiguieron ni grabar el segundo disco. Y estaban ya en otras historias.

Tras dos años de vueltas de aquí a allá, Los Secretos vuelven a los estudios, ya sin Javier, pero reforzados con la batería de Steve Jordan, el bajo de Nacho Lles y las guitarras, lap steel y mandolina de Ramón Arroyo, graban un disco que ya es leyenda: "El primer cruce" (1986). Un disco en el que insisten y profundizan en el sonido americano, incluso con una versión de un tema de Gram Parsons, "Cerrad todos los bares". El disco lo edita Twins, ya que para su nueva trayectoria, los hermanos Urquijo prefieren una compañía pequeña, que no los obligue a sesiones de marketing como las que se vieron obligados a hacer en su etapa en Polydor (que poco antes habían editado un disco recopilatorio de sus tres primeros discos). En el nuevo sonido del grupo fue decisiva la aportación del nuevo miembro Ramón Arroyo, un músico curtido en el circuito de bares de Madrid que tocaba dobro, steel guitar, mandolina y guitarra.

Cuando un año más tarde, la banda graba "Continuará" (1987), ya son una banda respetada en el ambiente menos juvenil, y encontramos en el disco un tema coescrito con Joaquín Sabina, "Por el túnel". Álvaro y Enrique llevaban las riendas pero dejaban intervenir al resto de componentes, entonces meros asalariados. La languidez de la cadencia musical country y las eternas letras de amores deshechos, frustraciones, celos, mala suerte, de chavales desválidos que no encontraban su sitio en la sociedad y chicas que se iban con otros más guapos les empiezan a acarrear fama de muchachos tristes, que aún hoy conservan. 0 más que eso, de grupo que utiliza la tristeza como sensación primordial que transmitir.

Pertenece a esta época su aparición en el programa del Gran Wyoming "A media voz", donde tocan temas del disco en acústico, y preparan el camino para la edición de su álbum en directo, "Directo" (1988), que graban un domingo a las 12 del mediodía del 28 de Febrero de 1988 en el famoso Rockclub de Madrid, con la colaboración de Joaquín Sabina, Javier Teixido, Jose Mª Granados, y el que poco después entraría a pertenecer a la formación estable de la banda, Jesús Redondo. Los Secretos repasan su propia historia. Esos ocho años de altibajos. Consiguieron el primer disco de oro de su carrera.

Ayudados otra vez por Steve Jordan y Nacho Lles, los Secretos graban en 1989 "La Calle del Olvido", y es cuando finalmente, se vería premiada su carrera con el aplauso del público en general, gracias a la edición de una larga cadena de singles que tuvieron gran éxito. El sonido es limpio, la banda está más volcada que nunca en reconfirmar su estilo. Esa forma de hacer música valorando la melodía y cuidando con primor las letras que ya no abandonaron. En este momento , Álvaro empieza a tomar parte más intensa en la composición de temas, y eso confiere a la banda un sonido más AOR al ya de por sí "americanizado" sonido de la banda.

"Adios tristeza" (1991) pretende invitar al público a abandonar la idea de unos Secretos tristes, melancólicos y pesimistas, opinión que compartían por entonces los críticos con su evolución. El título es engañoso pues abunda en referencias al desamor, a la soledad y a la ansiedad. lñaki Conejero y Paco Beneyto tocan el bajo y la batería. De este disco, 'Frío', un himno a la desolación y referencia terrible a la angustia de la droga creado por Manolo Tena, y 'Ojos de gata', que empezó escribiendo Enrique con Sabina pero que luego cada cual continuó a su manera, que ha pasado a ser otro grandísimo tema para ambos artistas. Por esta época, las giras continuas de la banda por todo el país, les hace ganar una buena fama en los directos, al que asiste un público más heterogéneo, con quinceañeras que acaban de conocerlos, y antiguos seguidores que les respetan.

El siguiente disco sería "Cambio de planes" (1993), con una portada fabricada por el mismo Ramón Arroyo, que deja fe de su devoción por la estética cómic, ya muy alejada de esa primera época en blanco y negro. El disco muestra a un Álvaro mucho más decidido a inmiscuirse en las tareas de compositor no sólo de músicas, además de atreverse a cantar más tiempo. Juanjo Ramos es el que toca el bajo y el resto sigue igual. Se puede considerar un disco de transición, porque sienta el precedente de que la responsabilidad de creación no recaiga casi por completo en Enrique. El binomio Urquijo/Urquijo se convierte en un tándem eficaz para sacar adelante una obra bien construida. Asimismo, la perfecta compenetración con los miembros más recientes de la banda se deja notar en la incorporación de Jesús al equipo compositor, al firmar al alimón con Enrique el tema 'Cambio de planes'. La experiencia de tanta carretera se deja notar, pero no menoscaba ni un poquito la misma pasión por la sensibilidad y el buen gusto por la melodía con la que empezaron 14 años antes.

Es en esta época cuando se hace más patente la necesidad de la banda en recrearse con la colaboración en discos ajenos y con bandas alternativas. Enrique se enrolaría en un principio con Ramón en un proyecto que fructificó más adelante con el nombre de Los Problemas, Álvaro lo haría con Los Impostores, Ramón con Los Problemas, Flying Gallardos y High Sink, y Jesús con los Flying Gallardos y El Reverendo.

Cuando la banda editó su siguiente disco, "Dos caras distintas" en 1995, (el último disco oficial de la carrera del grupo) ya era este un disco esperado, que se editó en un momento de creatividad dulce, con temas que evocan con facilidad ritmos inequívocamente mexicanos. Por aquello de hacer el número 10 en la discografía de Los Secretos se puede considerar el de la reflexión. El de echar la vista atrás y ver dónde se ha llegado: no está mal, no hay muchos otros grupos de pop en España con diez discos bajo el brazo. Álvaro de Cárdenas es el que en esta ocasión se encarga del bajo y el que se une a la gira con la que lo presentan por toda la geografía española. Siempre se dice del último que es el disco de la madurez y el tópico se podría aplicar.

Pero "Dos Caras Distintas" no es sólo eso. Es la confirmación definitiva de dos maneras diferentes, aunque complementarias, de abordar un sentimiento compartido de cómo debe ser una canción. Enrique y Alvaro componen de modos distintos pero confluyen en un mismo punto. Y Ramón y Jesús están ahí añadiendo el matiz. Sus conciertos son ya fiestas totales donde el público corea todas las canciones, y donde hay sitio para temas de todo el repertorio, aunque, inevitablemente, el "rush" final lo reservan siempre para el "Déjame", tema bandera en la carrera de Los Secretos, y que es ya parte de la historia del rock en español.

Con sus canciones a cuestas Los Secretos siguieron, hasta la muerte por sobredosis de heroína de Enrique Urquijo en 1999, sin dejar un verano de pasear por España su conocido repertorio. Da igual que el concierto fuese de pago o se incluyese en la fiesta mayor de cualquier pueblo, siempre sus canciones eran coreadas por un buen montón de asistentes. Y cada año 30 ó 40 actuaciones con la misma ilusión con la que empezaron, pero con un sonido impecable y unas condiciones infinitamente mejores. Fueron estos últimos años muy fecundos donde Los Secretos consolidan su personalidad y estilo únicos.

Con una carrera tan extensa como exitosa, se pedía a gritos la edición de algún recopilatorio, algo que superaron en 1997 con "La historia de los Secretos", caja de tres compactos, que tuvo una doble edición sencilla en forma de 2 CD "Grandes éxitos I y II", con temas inéditos y algunas versiones alternativas que redondeaban el cambio de sonido efectuado con el tiempo.

Si la tristeza ha sido el denominador común de la banda desde sus inicios, esta no les abandonó hasta conseguir lo que buscaba: un mito.

Canito lo es, por el hecho de haber compartido los primeros conciertos de unos titubeantes Secretos, Pedro lo es por haberlos acompañado en sus primeros años de éxitos, Javier por haber desaparecido del mapa musical popular, y la desaparición en su mejor momento (como compositor) de Enrique, los convierte en grupo de culto, irrepetible e inmejorable. Lo que Los Secretos han hecho, no lo puede reconstruir nadie.

Es el fin de la banda en la carretera, pero sus discos quedan para escucharlos, disfrutarlos y descubrir nuevos matices.
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